
Canto y miro al cielo una y otra vez con la misma canción, esperando que la escuches aun que lejos estas, perdida en el tiempo, en otro universo, una dimensión inexistente como las lagrimas de los monstruos que se alimentan de mis pesadillas, irreales y austeras como el sonido de los violines desafinados de un ciego campesino, sordo y podrido, como mis dientes que se caen poco a poco, cada una de mis noches, ausente de todo, exiliado de mi propios pensamientos, vagando en un infierno donde ni en las peores caricaturas se ha dibujado, un cotorro enjaulado, un gatito sin bigotes y un perro hecho tacos.


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